Nuestros amigos nos dicen que viviendo en Inglaterra tenemos la suerte de que el pequeñin hablará dos idiomas sin esfuerzo. Yo estoy de acuerdo, o eso quiero creer, pero el estado actual de las cosas es bastante diferente. Empezamos con los números.

  • Papá: Nico, “uno”
  • Nico: “dos”
  • Papá: “tres”
  • Nico: “five”

Véase como el niño no solo se columpia al inglés, sino que también se equivoca de número. Quizá sea un incidente aislado, pasemos a las partes del cuerpo.

  • Papá: (señala su nariz)
  • Nico: “nose” (perfecto acento inglés)
  • Papá: (señala su oreja)
  • Nico: “ear”
  • Papá: (señala su pié)
  • Nico: “manos”

Cambio de idioma otra vez. Empiezo a elaborar la teoria de que el peque no distingue el inglés del español. Pocos minutos después, él mismo me lo confirma.

  • Nico: “Papá, the coches, cars, cars, cars, cars…”

El mensaje está claro, quiere ver “cars” por cuarta vez hoy, décima del fin de semana. No puedo evitar reirme del cacao mental que tiene el enano. Lo que es curioso es que parece asociar frases en cada idioma a disntinta gente. Por ejemplo cuando alguien siempre le ha hablado en español le dice “the choches” pero cuando es una persona que siempre le habla en inglés dice “el cars”.

Mientras escribo el post el oigo en la cocina, “snack snack snack snack”. Ha vuelto a crecer, ya llega al armario de las patatas fritas, tenemos que reorganizar la cocina de nuevo. Una vez capturada la bolsa de patatas se acerca a mamá y le repite “abe abe abe” (aún no le tiene el punto pillado a la erre fuerte). Mamá le abre la bolsa, él la coge y sale corriendo hacia el sofá. Sé que es para limpiarse las manos naranjas en los brazos de piel pero no reacciono. Esa batalla la dí por perdida hace tiempo.