Hace unos meses hemos celebrado la Navidad, son fechas en las cuales nos juntamos con la
familia y amigos, de adornar las casas, de ver luces por las calles, de compras, de alegría…
Vivimos momentos mágicos. Comemos platos tradicionales, nos hacemos regalos y compartimos la magia de la Navidad con los más pequeños.

Nos reencontramos con la familia y amigos que por un motivo o por otro no podemos ver con la frecuencia que nos gustaría. Pero por otra parte, también son fechas de nostalgia, tristeza,
vacío….porque hay quienes han perdido un ser querido, por lo que estas fechas pueden llegar a ser motivo de contradicción: por un lado la alegría juntarnos con la familia y por otro la tristeza de encontrar una silla vacía en la mesa junto al deseo de no querer celebrar las fiestas y a su vez de que pasen lo más rápido posible. Son momentos de incomprensión.

Cuando estamos en duelo, nos sentimos tristes, o incluso enfadados. Llegamos a entrar en
conflicto con nosotros mismos y con los demás. Las personas cercanas: hermanos, hijos, tíos,
padres, pareja… Quieren que en estas fiestas estés presente, que celebres la Navidad como en
otros años, que mires con ilusión al futuro. Pero es muy difícil, porque sientes mucho dolor un gran vacío, por la ausencia del ser querido, que no esta.

En esas fechas todo te molesta, las luces, las campañas navideñas, pensar en la comida y los
regalos….Lo que más deseamos es que estas fiestas pasen lo más rápido posible, si se pudiese
cerrar los ojos y saltar dar un salto en el tiempo y llegar al día ocho de enero, fechas en las que han terminado las “temidas” fiestas de Navidad.

Seguro que se te pasó por la cabeza la idea de suprimir las fiestas, y algunas personas lo hacen y deciden cambiarlo por un viaje, escapar a un sitio lejano, donde no tengan que recordar el dolor de la ausencia. Pero, hay que tener en cuenta que ese dolor sigue con nosotros, y nos acompaña allá donde vayamos…. Se puede evitar, pero no olvidar. Y por más que intentemos escapar del dolor, éste se irá haciendo más grande con el paso del tiempo. Muchas familias reconocen que el año siguiente es aún más doloroso que el anterior, y otros terminan optando por no volver a celebrar la Navidad.

Pero también está la cara B de la moneda… Los que optan por ponerse la “máscara de estoy bien, lo mejor es no hablar del tema”. No mencionamos a la persona que ya no está. Es una forma de ocultar el dolor , consiguiendo finalmente que las emociones terminen saliendo de forma distorsionada. En forma de tensión, irritabilidad, ansiedad elevada, agotamiento.

Existe otra posibilidad, y es la de crear una nueva Navidad. Es una manera de ayudar a afrontar la nueva etapa sin esa persona. Seguro que te preguntas, y ¿cómo puedo hacer eso? Sigue leyendo:

1. Reúnete con la familia antes de que lleguen las fiestas: para ello hay que seguir
unas normas muy sencillas: es importante no interrumpir mientras los demás
hablan; expresar cómo os sentís emociones, miedos, necesidades. Poder expresar
cómo os sentís puede ayudaros, porque ya el reuniros es un gran cambio porque
vais a poner en común vuestros sentimientos, os ayudará al cambio. Hay que
incluir a los niños también. Respetarán vuestras decisiones y os ofrecerán su
ayuda.

2. Repasar los rituales familiares: toma de decisiones de con qué rituales (poner el
Belén, el árbol…) queréis continuar o no, escucharos y compartir con l resto de
familiares y amigos. Respetarán vuestras decisiones y os ofrecerán su ayuda.

3. Buscar una manera simbólica de recordar a la persona que no está: crear de
alguna manera un espacio para recordar a la persona que no está. Podéis ser
creativos, los niños de la casa os pueden dar ideas creativas. Acordar en qué
momentos queréis que se den y quienes queréis que participe. Quizás lo que
queréis es compartir qué le hacía tan especial.

4. Hablar qué cosas haréis con los niños en esos días: incluir a los niños. Que
participen en todos los rituales de recuerdo. Ocultar o engañar al niño
conseguimos que el menor responda de la misma manera con la que está actuando
los adultos, con miedo. Lo que el niño percibe es nuestro miedo a hablar con
naturalidad de la muerte.

Vivimos en una sociedad en la cual el tema de la muerte continúa siendo un tema “tabú”. Tenemos miedo a mencionar esa palabra, pensamos que si no la mencionamos esta no nos “tocará de cerca”, pero lo que realmente conseguimos es todo lo contrario; impedimos de alguna manera el poder vivir el dolor de una forma más adaptativa, siempre y cuando se comparta. Podemos vivir el duelo de una forma muy diferente con confianza y con más conciencia.

 

Marta

Author Marta

Soy Marta, una chica segoviana que desde hace cosa de año y medio está viviendo en Alicante, ciudad a la que siempre he estado muy vinculada no solo por mi familia, sino también porque es una ciudad especial, estudié Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca, otra ciudad con mucho encanto y ambiente, tras unos años estudiando me dieron la oportunidad de trabajar en la AECC de Segovia en el hospital general, donde pude descubrir un área algo desconocida para muchos, PSICOONCOLOGIA, como su nombre bien indica es el área de la psicología especializada en oncología. Londres es una ciudad que me gusta mucho a la q he tenido la suerte de visitar y a la que me encantaría volver puesto que ahora tengo familia viviendo allí ya no tengo excusa para volver y comer fish and chips y tomar el té o visitar Harrods. Espero poder enseñaros un área un tanto desconocida y a la par que interesante como es la psico-oncología, espero hacerlo de la mejor manera posible

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