El renacuajo ya tiene año y medio y con cada nuevo mes la destrucción que deja a su paso aumenta. Ya va entendiendo bastantes cosas así que nosotros le regañamos cuado mete la pata, por ejemplo cuando coge el rollo de papel higiénico y lo tira a la bañera mientras yo la lleno (historia de esta misma tarde).

Es nuestro primer bebé y la inexperiencia se nota. Generalmente pone cara de enfado cuando le decimos que algo no se hace y acto seguido continúa con lo que estaba o cambia de actividad a algo aún más destructivo.

Con la práctica he encontrado finalmente algo que parece funcionar. Tenemos un parquecito en el que le ponemos los juguetes y después de un rato quejándose el nene se pone cómodo y se queda encantado. Lo que me llamó la atención es su reacción inicial siempre que le metemos.

Patalea, llora, aletea y después de 30 segundos se le olvida que no quería estar ahí y sigue a su aire como si nada.

Últimamente cuando se come los cuadernos de papá o restriega una loncha de chorizo por la ventana le cogemos sin mediar palabra y le metemos en el parquecito. Entonces él se queja como loco mientras le explicamos que eso no se hace y después de un rato tranquiliza. Una vez que se queda tranquilo le sacamos otra vez y le dejamos a su aire. La cosa parece funcionar y poco a poco va dejando de hacer las cosas que asocia con la maniobra del parquecito.

La verdad es que el método no tiene ninguna base científica pero hay ciertas cosas que me gustan. Lo primero es que no nos ponemos nerviosos y no hace falta gritarle al peque. Luego está que él parece entender lo que está pasando y por último que teniendo un plan no hace falta pensar qué hacer cada vez que hace una trastada.

Daniel

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